Metáfora

🌳 la metáfora del arbol y las palabras

           

Cuenta una historia que un padre observaba cómo su hijo reaccionaba con enfado ante cualquier contratiempo. Un día decidió enseñarle una lección sobre el impacto que tenemos con nuestras palabras.

 

El padre llevó a su hijo al jardín junto a un gran árbol, le entregó una bolsa de clavos y le dijo: “Cada vez que pierdas la paciencia, hieras a alguien con tus palabras o actúes impulsivamente, clava un clavo en el tronco de este árbol.”

Los primeros días el niño clavó muchos clavos. Más de los que imaginaba. Pero con el tiempo comenzó a controlar mejor sus emociones y cada vez necesitó menos. Cuando finalmente pasó varios días sin clavar ninguno, se lo contó orgulloso a su padre. Entonces su padre le dijo: “Ahora, por cada día en que actúes con respeto y autocontrol, retira uno de los clavos.”

Pasaron las semanas y, poco a poco, desaparecieron todos.

El padre lo llevó de nuevo ante el árbol y le preguntó: “¿Qué ves?”

El niño respondió: “Ya no quedan clavos.” El padre sonrió y añadió: “Es cierto. Pero mira las marcas que han quedado en el tronco. El árbol seguirá creciendo, pero nunca volverá a ser exactamente igual.”

Las personas somos muy parecidas a ese árbol. Nuestras palabras tienen el poder de ayudar, inspirar y hacer crecer a quienes nos rodean. Pero también pueden herir, desmotivar o dejar cicatrices que permanecen mucho tiempo después de haber pedido perdón. Una experiencia negativa tiene siete veces más impacto que una negativa.

Por eso, antes de hablar, merece la pena detenerse unos segundos y preguntarnos:

🌱 ¿Qué es lo que realmente quiero conseguir?
🌱 ¿Cómo puedo conseguir lo que quiero y a la vez generar un impacto positivo en la otra persona?

Porque los clavos pueden retirarse. Pero las marcas que dejan en el árbol nos acompañarán para siempre.

Cuidemos nuestras palabras. Son las herramientas con las que ayudamos a crecer… o dejamos cicatrices.